En bicicleta conviertes la belleza en el mejor camino

Òscar Patsí, bicipredicador; alaba las virtudes de ir en bicicleta en colegios y congresos. 48 años. Nací en La Seu d´Urgell y vivo en Canet de Mar. Soltero. A los 16 años ya trabajaba en una fábrica de quesos. Soy celador en el hospital de Bellvitge. Peatones y ciclistas no deben compartir la Diagonal. ¿Queremos menos polución? Pues a crear un carril bici entre árboles.

¿Celador?

Mozos de personas. Ayudo a movilizar al enfermo, a limpiarlo, levantarlo, acostarlo. Si está excitado, yo me encargo de atarlo; si llora, lo consuelo. Si se muere, lo bajo al depósito.

Existen dos realidades: la salud y la enfermedad. Este sistema vive de espaldas a la segunda, que es potentísima. Pero mucha gente es responsable de su enfermedad.

Afirmación cruel.

Si no te mueves un poco, lo pagas caro. En un hospital confluyen todos los errores: la velocidad, el vivir acelerado, el no hacer ejercicio, el egoísmo que te carcome….

¿Por eso acude usted en bicicleta?

Yo voy a todas partes en bicicleta. No hay nada más surrealista que llegar a la ciudad de los enfermos: es un gran parking, no hay un triste columpio. De cuatro mil, sólo siete acudimos al hospital en bicicleta.

¿Haciendo proselitismo de la bicicleta?

Es la misión que me he impuesto, porque he descubierto el elixir de la eterna juventud y tengo la obligación de compartirlo.

Pues adelante, convénzame.

Es como la pastilla roja de Matrix, hay que probarlo, has de hacer ese pequeño esfuerzo (ya seremos perezosos cuando estemos muertos). Las ventajas de desplazarte en bicicleta son casi inmediatas.

Exagera.

En seis meses te ha cambiado el cerebro y el cuerpo. Y tenemos la obligación moral de dejar la casita limpia para los que vienen detrás. La bici es un vehículo para cambiar las cosas y cambiarte a ti.

No sólo te mueves de forma más ágil, también te simplifica la vida: cargamos con mucho lastre innecesario. Aprendes a ser más austero, de alguna forma te vuelves más amable, estás en forma (sensación maravillosa), bronceado, te sientes libre.

No es tan sencillo pedalear por una ciudad llena de coches.

Por eso hay que hay abandonar los rinocerontes cuyas heces están formadas por monóxido de carbono, hidrocarburos, óxidos de nitrógeno y partículas minerales. Este envenenamiento del aire causa cinco veces más muertos que los accidentes que provoca.

Espeluznante dato.

Y los mayores y los niños -que están justo a la altura de los tubos de escape- se llevan la peor parte. Veneno puro, pero como los anuncian en la tele, la gente no se siente culpable. Es una locura que un señor vaya a recoger a su hijo de 15 kilos con 3.000 kilos de acero envenenando el aire.

Y usted pretende la revolución de las mariposas.

Encontré en los lepidópteros el mejor ejemplo, porque son bichitos frágiles, preciosos, llenos de colores, capaces de recorrer 10.000 kilómetros tranquilamente, sin molestar, embelleciendo el paisaje y nunca en línea recta, sino a su libre albedrío.

También los hay que embisten.

Silencio, ausencia de peligro, incremento de los reflejos, salud, sabiduría…

¿Sabiduría?

Sabes dónde vives, dónde está el pan que te gusta, el mejor café… conoces todos los rincones. Crece tu capacidad de observación, multiplicas la curiosidad y terminas por convertir la belleza en el mejor de los caminos.

Para mejorar nuestro conocimiento, decía Descartes, debemos aprender menos y contemplar más.

La gente no suele conocer ni su barrio: se levantan cogen el coche o el metro, llegan al trabajo, comen el menú de siempre, y por la noche recorren el mismo trayecto, y si paran para hacer alguna compra, lo hacen en los cuatro sitios de siempre.

Somos criaturas de costumbres hasta el hastío.

Hay ciudades que tienen la bicicleta muy asumida, aprendamos de ellas: Amsterdam, Bruselas, Pescara; en Alemania puedes cruzar el país en un carril. Ciudades en las que la gente va a comprar y a buscar a los niños al cole en bicicleta, en las que mandan las personas por encima de las máquinas.

Ha sido camarero, mensajero, operario de telefónica, conductor de grúa… …

Y comercial de cafeteras, espía, figurante de cine, pintor de brocha gorda y de pincel de oreja de buey, repartidor de yogures, operador de línea erótica, músico de la calle…

¿Cuál era su instrumento?

Hacía percusión con la bicicleta. Llegué a tocar en algún club de jazz. Soy un superviviente. Yo quería ser periodista, aquel sueño acabó convirtiéndose en un blog donde cuento mis vivencias pedaleando. Soy celador el fin de semana y el resto, un artista sin éxito. Me dedico a lo mío.

¿Qué es lo suyo?

Escribir, pasear, ir a nadar, recibir a los amigos, recibir a las princesas.

¿Seduce con su corcel metálico a princesas andantes?

Yo para el cortejo realizo la Verónica (la sigues, la adelantas, la rodeas sin agobiar y te vas). Y hay que saber utilizar el timbre.

… Que no es un claxon.

Es una cajita de música que alberga un pequeño violinista que reproduce una única nota: un primoroso do. Estoy frente al semáforo, junto a un bebé: me toco la nariz y suena un do, me toco la oreja y vuelve a sonar. El niño ríe y la madre sonríe. Hemos venido aquí a embellecer el mundo.

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Acerca de pepeinef

Profesor de Educación Física
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